LA CONTAMINACIÓN LUMÍNICA

 

Dedicado a los aficionados a la astronomía que empiezan y que la pésima visión del cielo que disponen, les hace dudar si podrán estudiar el cosmos, o sólo estudiar la ingente cantidad de luz artificial que se desperdicia y derrocha en la ciudad donde residen.

En los albores de este siglo XXI, los aficionados a la astronomía tenemos lo mejor y lo peor de nuestros tiempos. Ni los telescopios, medianos o grandes, ni sus sofisticados accesorios electrónicos han estado nunca tan a mano de la mayoría de nuestros bolsillos. La información del firmamento, nunca ha estado tan a nuestra disposición, bien moviendo una página o tan sólo con cliquear el ratón de nuestro ordenador. 

Pero tampoco hemos vivido nunca tantos, bajo cielos tan contaminados. Muchos de nosotros podemos con suma facilidad, visualizar la órbita que tendrá Sedna, en el año 2.500 de nuestra era, en programas informáticos de astronomía , pero no podemos en cambio, encontrar la Polaris con sólo salir de casa, a través de la nefasta C. L. (Contaminación Lumínica).

 

Parece que ésta triste situación, no se detendrá. En la medida que podamos mejorar los equipos, van a empeorar los cielos limpios. Los aficionados a la astronomía tenemos un futuro incierto y desafiante: una tecnología cada vez más avanzada y un medio ambiente cada vez más degradado. 

El quid de la cuestión está en adivinar cual de las dos tendencias, tanto en el ámbito de la astronomía, como en el de la supervivencia humana será la predominante. El equipo de observación es nuestro, pero el medio ambiente es de todos. La visión del firmamento es propiedad de todos, pero el poder ver las estrellas es privativo de los que se han costeado su equipo. En mi juventud, el observar Orión, con sus Tres Marías, era gratis, hoy no lo es. Es preciso un equipo costoso, saber manejarlo, los consabidos filtros contra la contaminación luminosa, tiempo, y medios de locomoción para alejarse de esa contaminación en busca de cielos limpios.

Muchos astro aficionados del presente y del futuro, sin pararse a pensar cómo será el mañana, no consentirán que la contaminación lumínica merme ni un ápice de su afición. 

Son de una voluntad inquebrantable, que no teniendo otra alternativa que tener su telescopio en su ciudad, se cubren la cabeza con un trapo negro e impiden que restos de luz local, farolas, automóviles, parques, etc., les molesten lo más mínimo en su afán de estudiar el firmamento.

Imagen cedida gentilmente por Antonio Hernández de "Astro76"

Son de una madera especial, capaces de pasarse muchos meses observando las estrellas a través de su balcón o ventana y al final nos pueden mostrar toda una libreta de apuntes de curvas de luz de varias estrellas variables. Capaces también de tomar como referencia las paredes del edificio de enfrente, tomar el tiempo cronometrado de ocultación de las estrellas y darnos como resultado la velocidad de precesión del eje polar. 

Los astro aficionados que tienen el privilegio (o que tienen que trasladarse en automóvil para tenerlo) de tener cielos limpios de C. L. podrían tener la tentación de considerar a los anteriores, como "seudo colegas" algo "rarillos" aficionados a la astronomía. Pero sin duda, se equivocan, porque en la medida de que las ciudades de todo el planeta se vuelven cada día más pobladas, con áreas cada vez mayores de urbanización y cada vez más iluminadas, los astro observadores de ciudad  son la avanzadilla del tipo de exploración que  nos depara el loco proceder de nuestros gobernantes, para el día de mañana. 

Hoy, las ciudades y pueblos de España, se ven inundadas de noche por la escandalosa luz de las farolas de Mercurio Hg. y/o  de Sodio Na. por que de eso precisamente es de lo que están llenas. El peor de todos es el de Sodio Na.  por el tipo de espectro que emite. Lamentablemente es el más económico y el que más alumbra, por lo que está desplazando a las farolas de Mercurio Hg. aumentando más si cabe, la Contaminación Lumínica.

Pero ya se sabe, "quien quiere, puede" y de las dificultades y de la perseverancia, salen a veces unas inesperadas ventajas. La falta de facilidad para la observación, te imponen disciplina férrea. No hay lugar para hacer un "tour" por nuestro paupérrimo cielo, hay que hacer trabajo  burocrático de investigador,  la consulta de cartas celestes, atlas bien detallados a mano, y toda serie de catálogos bien documentados será labor diaria en la que nos adiestraremos y cuyo fruto será sin duda el disfrutar de una observación muy reconfortante y precisa a pesar de apenas poder ver físicamente su localización.

No hay otra opción. Trabajo de investigación previo a enfocar un determinado astro, observación minuciosa de nuestro contaminado cielo, una puesta en estación depurada y el uso de toda nuestra inventiva para vencer a nuestra enemiga, la contaminación lumínica. Si con prismáticos se pueden hacer muchas cosas, con un telescopio es obvio que tendremos muchas más posibilidades. En planetaria, el astrónomo ciudadano, tiene casi tantas ventajas como el rural. Nuestro satélite natural y los planetas, nos ofrecen multitud de detalles para deleitarnos. Las estrellas dobles, por su luminosidad también  nos ofrecen otro campo donde poder observar, medir, comprobar, fotografiar, etc.

Si, claro que la ciudad produce innumerables fuentes de calor, con sus inevitables turbulencias, su smog, (niebla sucia y pegajosa) y pésimas condiciones de visibilidad. Aunque también a veces, esa neblina si no es muy seria, parece permitir una observación algo estable.

En la paz y sosiego de la noche, todo parece ir lentamente en las ciudades grandes. Acostarse pronto y despertarse temprano es un hábito al que uno se acostumbra pronto. También se habitúa rápidamente a la previsión de planear tu próxima observación. La búsqueda diaria, como decíamos antes, te adiestra en la localización en los planisferios y cartas estelares de los eventos venideros y dentro del área escasa de que se dispone para observar. Aceptar esas condiciones limitadas, que podemos fácilmente acotar, es una excelente lección que nos aprendemos resignadamente.

Para quien aspira a ser un aficionado a la astronomía, el tener que apuntar su telescopio por el quicio de una ventana, le resulta poco menos que un sacrilegio. Se da por sentado que entre el exterior y el interior de nuestra habitación, existe una diferencia de temperatura que nos producirá indefectiblemente esas temidas turbulencias, que nos impedirá sin remedio una cómoda observación. Pero no siempre es así, a veces basta cerrar la puerta de nuestra habitación y tenemos una plácida noche para observar. Si tenemos un refractor, muchas noches podremos trabajar planetaria y según abertura, podremos usar 200 aumentos y ver con cierta tranquilidad Marte o Venus sobre el tejado del vecino de enfrente.

No nos olvidemos de nuestra estrella favorita: el Sol. Él siempre está disponible cada día. Si tenemos nuestra ventana orientada al Este, tenemos una oportunidad de trabajo ingente. Hay actualmente telescopios a precio asequible especialmente diseñados para observación solar, perfectamente equipados para una completa seguridad en la observación solar. El estudio de sus manchas, fáculas, protuberancias y demás eventos propios del astro rey, nos asegura muchas horas de entretenimiento e investigación.

Pero, evidentemente, los más afectados por la C. L. son sin duda, los objetos débiles de luz y poco brillo de nuestro contaminado firmamento. Las galaxias, nebulosas y demás astros de poco brillo, son nuestros amores imposibles a los que no podemos olvidar por más que nuestra razón nos incite a ello. Tal vez por eso, no cesamos en nuestro empeño y  tratamos de observarlos. Entran en juego, todo nuestro arsenal de filtros, algunos costosos, con tal de lograr visualizar, quizá incluso fotografiar, esa débil nebulosa planetaria que nos falta en nuestra colección. En el cielo nocturno después del atardecer, son visibles los cúmulos globulares y los abiertos brillantes. Delante de mi balcón, que abarca una visión de casi todo el norte y casi todo el este, tengo una campana de luz procedente de una importante población a menos de 6 Km., hacia el noreste otra campana lumínica más grande ocasionada por la ciudad de Alicante, se encarga de borrarme gran parte de los objetos del cielo en esa sección, delante de mi a unos 1000 metros, las luces de una estación depuradora de aguas residuales y otras luces de un polideportivo municipal, éstas a unos 500 m.  terminan de completar la serie de contaminantes lumínicos que ponen a prueba mi paciencia y mi perseverancia. Las luces más cercanas suelen apagarse a media noche. Entonces se encienden para mi las estrellas. Es hora de ponerse a observar y de disfrutar. Puedo considerarme afortunado de tener ese campo de visión tan amplio. Sé que muchos colegas ciudadanos, no gozan ni de una tercera parte del cielo que dispongo y en cambio, sus fotografías demuestran el gran valor de su coraje y su pericia.    

 Los astro aficionados de ciudad y con mucha contaminación lumínica, no vemos en nuestros buscadores los objetos Messier para centrarlos rápidamente en nuestros oculares. En estos momentos sé que se pasea desafiante cerca de Beta de Géminis, el Señor de los Anillos, nuestro admirado Saturno. Un poco más abajo, demasiado cerca del horizonte y de las turbulencias, dos cúmulos abiertos, M44 y M67 en la constelación de Cáncer están esperándome. Aunque no los vea, sé que están ahí y me bastará buscar el punto exacto con sus coordenadas y aparecerán en el campo del ocular. Este tipo de observación es un excelente entrenamiento para todos aquellos objetos que deseamos ver y/o  fotografiar para nuestra colección de Messier. No nos "arruguemos" nunca ante la C. L., busquemos las armas precisas para combatirla y vencerla.

Tapemos tanta luz local como podamos, si podemos usemos sábanas a derecha e izquierda para oscurecer nuestro cielo, observemos después de las 11 de la noche, la mejor hora, a partir de las 3 de la madrugada. La temperatura ha caído lo suficiente  para impedir las turbulencias y mejora nuestra visión del cielo. Después de una lluvia y con brisas fuertes, el aire del campo reemplaza al de ciudad y la calidad de visión mejora ostensiblemente.

 

El empleo de mapas, catálogos y atlas bien detallados, con todas las coordenadas anotadas, es una herramienta muy buena para ayudarnos en la observación. Si sabes exactamente dónde encontrar un objeto, aunque sea una o dos magnitudes más débiles, seguro que llegas a verlo, aunque tengas que esperar un poco.

La mayoría de nebulosas planetarias de poco tamaño poseen un gran brillo superficial. Su apariencia en la mayoría de ellas, es estelar y para poder resolverlas es preciso el empleo de grandes aumentos, dan por supuesto el empleo de buenos mapas estelares para identificarlas a primera vista. Hay algunos métodos para distinguirlas e identificarlas de entre el resto de estrellas. Tener una metodología para identificarlas, significa tener ventaja a pesar de las malas condiciones de observación: una pequeña nebulosa planetaria tiene menos parpadeo que una estrella, por la misma razón de que un planeta también  parpadea con menor frecuencia, su luz reflejada suele ser opaca, sin brillo, excepto Venus llamado popularmente "el lucero del alba".  

USANDO UN BUEN FILTRO 

 

Hace ya algo más de 30 años, allá por los 1970, que se pusieron a la venta los filtros nebulares. Desde entonces los astro aficionados de ciudad y sus suburbios se encontraron con un inesperado campo de observación de cielo profundo. Estos filtros operan de forma sencilla. Las lámparas de Sodio y Mercurio usadas generalmente para alumbrado público, emiten en longitudes de onda muy distintas de las emisiones de luz de onda estrecha de las nebulosas de emisión. Si usamos uno de esos filtros de interferencia multicapa, conseguiremos recortar con finura el espectro de luz visible en cantidad apropiada para separar estas longitudes de onda. Obtendremos a cambio como resultado, un cielo mas contrastado y oscuro, algunas galaxias y estrellas con pequeña merma de luz y solamente algunas nebulosas de emisión y planetarias ligeramente atenuadas. En muchas circunstancias, este resalte del contraste puede camuflar la pequeña cantidad de luz perdida en la nebulosa, y a cambio la muestra más clara, con más detalles, antes inadvertidos.

                 Sin filtro                                      Con filtro              Sin filtro                                       Con filtro

Si desea saber más sobre filtros le recomiendo visite el siguiente enlace, desde donde proceden las imágenes superiores.      http://eureka.ya.com/astronomia76/fneb.html

Naturalmente, los cielos de ciudad no se convertirán en  cielos campestres, por el uso de esos filtros, pero desde luego, ayudan. Podemos usar el filtro para detectar nebulosas usando de un truco o técnica consistente en "parpadear" con el filtro. Los situamos frente al ojo y lo movemos con rapidez dentro y fuera de nuestro ángulo de visión: la nebulosa aparecerá parpadeando destacándose del resto de estrellas cercanas. También podemos lograr ese parpadeo, inclinando repetidamente el filtro mientras buscamos mirando a través de él, puesto que al inclinarlo en determinado ángulo, pierde su efectividad de filtro. 

En el mercado hay disponibles varios filtros nebulares. Tienen diseños distintos para según que tipos de objetos y condiciones.

Uno de esos filtros muy apreciados por astro aficionados de todo el mundo es el U. H. C.  de Astronomik. Es un buen filtro para cielo profundo, deja pasar casi el 100% de las radiaciones de las líneas de O-III y de la H-beta. También permite que la radiación de H-alfa alcance nuestra visión con un segundo pasa banda. Los pequeñísimos haces de luz diferentes de otras longitudes de onda, son rechazadas y/o  filtradas, quedando un gran reducción de fondo de cielo, mostrando a cambio en las nebulosas de gas, polvo y planetarias un mayor número de detalles apreciables. Con este filtro, se obtiene suficiente luz para poder observar cielo profundo, aún usando telescopios con aberturas algo menores.

Está optimizado para su uso en distancias focales entre f/4 y f/15. A partir de f/D rápidas entre f/3 o inferiores se produce una pérdida de dislocación de la transmisión y de color, que sí aparece en otros filtros. Las demostraciones en comparación con los filtros U. H. C.  y los de otros  fabricantes, muestran claramente muchos más detalles en las nebulosas, sin duda por la alta calidad de los cristales empleados y mostrando las estrellas como puntuales, sin distorsión alguna, plenamente observables y/o fotografiables.




GRAFICA PARA FILTRO UHC


Las líneas rojas son las líneas más importantes de la contaminación ligera artificial. Las líneas verdes son las líneas de emisión más prominentes para las nebulosas. La curva gris es la sensibilidad del ojo humano en la noche. La línea azul es la curva de la transmisión del filtro. 

Transmisión de casi 100% en O-III y H-beta altos, transmisión de casi el 96% en la H-alfa, bloqueo total de toda la luz indeseada de la contaminación lumínica.  El filtro ideal de todos para el cielo  profundo. En observación , iguala con alcances pequeños .Completamente.  resistente contra humedad alta y pequeños rasguños.

 

LAS CÁMARAS  CCD


La tecnología actual. nos proporciona una de las mayores esperanzas para combatir la contaminación lumínica. Las cámaras CCD son, para los que pueden permitirse el costo en dinero y tiempo, una solución prometedora para luchar contra esa plaga del astro aficionado.

Estos dispositivos de acoplamiento de cargas   o CCD, vienen incrementando su uso por parte de los aficionados a la astronomía, al mismo tiempo que su coste por el efecto de la demanda, va disminuyendo. Tiene dos ventajas muy apreciadas por los amantes del firmamento: en primer lugar, el chip de las CCD es bastantes veces más sensible a la débil luz de los astros, tanto del ojo humano como de las películas de cámara fotográfica y, en segundo lugar acumula la información digital de una imagen, que le proporciona nuestro telescopio en nuestro ordenador personal y en consecuencia esta imagen la podemos analizar, medir, resaltar, manipular y retocar hasta dejarla a nuestro gusto.

Una de las opciones más interesantes es la de eliminar un fondo de cielo profundo muy contaminado por la luz, sin apenas perder un ápice de la información recolectada. Podemos grabar objetos de 15ª o aun de 16ª  magnitud, con un telescopio de 200 mm de abertura, con una paupérrimas condiciones de visibilidad y también con luz de Luna.  Esta sensibilidad es comparable a la que nos mostraría el mismo telescopio en la cima de una montaña, con un cielo impecablemente oscuro y en las mejores condiciones de observación.

Aunque claro está, no todo son ventajas con las CCD. Tenemos, con el empleo de esas cámaras, un campo de visión muy pequeño y en consecuencia es difícil  de poner ese campo en el lugar que nosotros deseamos. Otra desventaja es el problema del enfoque, cualquier vibración nos descoloca enseguida el objeto fuera del campo de visión, tenemos que recurrir a un enfocador eléctrico para evitar las vibraciones propias del ajuste manual. Y otra desventaja de carácter mecánico es la necesidad de tener una montura lo más sólida y precisa posible para astrofotografía de exposición prolongada. Damos por supuesto que estamos mirando la pantalla de nuestro ordenador, no estamos viendo el cielo directamente.

También es cierto que con las imágenes grabadas con las cámaras CCD, podemos hacer miles de cosas importantes para la ciencia astronómica, casi casi, a la par de los astrónomos profesionales. Algo que no ocurría durante décadas del siglo XIX, donde el aficionado no podía competir ni aproximadamente, pero desde entonces con las cámaras CCD al alcance de los astro aficionados, la ventaja es apenas nula en ese campo.  Llegado este punto, quiero aportar un granito de arena más, en aras de ayudar al que se inicia en el difícil manejo de todo el instrumental que conllevan las cámaras para astrofotografía. Sabemos que hay varias  formas básicas, de fotografiar el firmamento, dos de ellas son a "Foco Primario" y "Proyección por Ocular" pero....¿sabemos usar los diversos instrumentos correctamente? Vamos a comprobarlo, por favor, pulse aquí.

Pero obviamente, el placer de contemplar las estrellas directamente, en vivo, mirando al cielo, no lo encontrará visualizando su imagen en ninguna pantalla de ordenador.

No confundamos la polución local que brilla a los ojos del observador, con la contaminación lumínica que es la luz ambiental reflejada en el cielo. La contaminación lumínica local es más grave, pero a la vez más fácil de eliminar. Algunos vecinos acceden de buen grado a apagar las luces exteriores de sus casas, si así se les solicita. Invíteles a observar a través de su telescopio y dejará de mirarle como a un bicho raro. Su forma de mirarle cambiará radicalmente cuando se encuentre con él y recuerde aquella nube roja que Ud.  le enseñó como la nebulosa M-42 de Orión, con la que se quedó extasiado.

Foto cedida por su autor Daniel López

 http:/www.telefonica.net/web2/astrofotos

Hay tantas formas de combatir las luces locales perniciosas, como aficionados con su imaginación al servicio de su vocación. Desde el ya mencionado "trapo negro" en la cabeza, que nos aísla de los reflejos cercanos, hasta el típico parasol de goma espuma o espuma de caucho, o también de fieltro para el calzado, de un rugoso mate muy bueno para el telescopio, que a la vez nos protege contra el rocío, pasando por artilugios tan estrafalarios pero eficaces como el "observatorio desmontable", compuesto por varias varillas de aluminio ligero plantadas en bases ligeras en forma de aspa y que una vez montadas, se cubren de tela negra, aseguradas mediante tirantes elásticos,  hasta formar una especie de tienda de campaña con el suficiente diámetro y altitud para albergar a nuestro telescopio debidamente protegido de toda clase de luces y reflejos. Todo el el conjunto no precisa de más tiempo que de unos 15 minutos, incluido el montaje de un catadióptrico Schmidt-Cassegrain de 203 mm de abertura. 

La única limitación a combatir la C. L. es nuestra imaginación. Experimentar las bellezas inimaginables del cosmos, utilizando ocultadores y cubriéndonos de telas negras, puede parecer algo "ridículo" a los ojos de un profano, pero un astro aficionado no tiene más alternativa que emplear tales maniobras si quiere dirigirse  imparable hacia su futuro.