La cúpula Celeste


Tal como hemos visto en el apartado de Orientación y una vez comprendido el sencillo concepto de cómo orientarnos, trataremos ahora de entender lo que solemos llamar, la Cúpula o Esfera Celeste.
La Cúpula Celeste, no es sino, una imagen mental que nos formamos nosotros mismos, al procesar la información que le dan nuestros ojos al cerebro.
Nuestros ojos nos permiten gozar de visión estereoscópica, hasta una cierta distancia.
Es decir, podemos distinguir por comparación su volumen y darnos una idea de la distancia que nos separa de ellos.
Pasada esta distancia, todos los objetos que veamos nos parecerán que se encuentran en el mismo plano, puesto que la proyección mental que recibe nuestro cerebro, así se lo indica.

 

Concepto básico de la cúpula celeste de día, sin objetos con los que tomar una referencia clara.



Pero hay ocasiones especiales que nuestro propio criterio, nos obliga a modificar esa falsa apariencia. A pesar de aparecer en un mismo plano a lo lejos, nuestra razón nos convence de que la montaña y la Luna que vemos, no están a la misma distancia, por más que las estemos observando sobre el mismo plano. Pero la razón nos dice también que la Luna está muchísimo más lejos y por tanto esa apariencia la descartará por completo.
De la misma manera, cuando miramos el firmamento por la noche, aunque el cerebro intente
proyectarnos todos los astros en el mismo plano, podemos discernir claramente, que la Luna está muchísimo más cerca, que las estrellas que vemos de fondo. Y éstas a su vez, tampoco están todas a la misma distancia, aunque nos lo parezca.

 

La misma cúpula de noche, con referencia lunar y estelar, nos parece que todo gira a nuestro entorno.



Pero ¿que sucede cuando no tenemos la referencia lunar? La proyección que nuestros ojos ofrece al cerebro es que todo está en un solo plano, a una misma distancia. Y aunque sepamos, por criterio propio que esto no es así, al no tener una referencia clara, no podemos discernir las distintas distancias entre las estrellas.
De noche, en pleno campo lleno de estrellas, si miramos en todas dirección, la percepción que tendremos del cielo será como de una inmensa cúpula, o un enorme domo en cuyo centro nos encontramos con el límite en el final del horizonte.
Esa falsa percepción fue sin duda, lo que llevó a los antiguos astrónomos/filósofos a creer que la Tierra que pisaban, era sin duda el centro del universo.

 

Esa es la sensación que Aristóteles tubo, la Tierra era el centro del universo.



Esa cúpula, ese domo inmenso, es lo que hoy llamamos Cúpula o Esfera Celeste.
De esa Esfera Celeste, solo podemos observar la mitad. De esa mitad, nuestro hemisferio donde estamos, podemos observarla en su totalidad, salvo que durante el día estará iluminada por el Sol y por la noche, podremos ver las estrellas.
Sabemos que como esfera, su circunferencia tiene 360º y, por tanto la mitad observable de nuestra esfera es lógicamente, de 180º.

Entre otros muchos, nuestro planeta tiene dos movimientos muy importantes, el de rotación y el de traslación.

 

Dirección de rotación de la Tierra.



El primer movimiento, el de rotación alrededor de su eje tarda en completarlo 23h, 56m y 4,1s .
El segundo movimiento, el de traslación alrededor del Sol, lo completa en 365,24219 días.
Pronto descubrieron los antiguos astrónomos, que la órbita de la Tierra alrededor del Sol, no era una circunferencia exacta, si no una elipse, en la cual nuestro planeta a partir de la mitad de su recorrido por esa elipse se va alejando de la atracción gravitatoria de su estrella, que tira de él frenando su velocidad de escape y perdiendo lógicamente velocidad hasta llegar al final de la elipse, en su Afelio a unos 29,3 Km/s.
A partir de entonces, al finalizar la mitad de la elipse, el planeta va acercándose al Sol y por tanto su recorrido es a favor de su fuerza de atracción, ganando velocidad hasta llegar en su Perihelio a su máximo de 30,3 Km/s.

 

Traslación de la Tierra alrededor del Sol. Una vez pasado el foco 1, pierde velocidad hasta su Afelio.



La distancia a la que llega al final de su elipse o Afelio es de unos 152,096.154 Km. del Sol.
Y en su máxima aproximación al Sol, la Tierra en su Perihelio tendrá una distancia de tan solo 147,099.586 Km.
A fin de que esta información fuera útil para unidades de distancia, se identificó la distancia media Tierra-Sol, como Unidad Astronómica (AU) con un valor medio de 149,597.870 Km. a pesar de que en términos generales, veamos asociada esa cantidad a 150 millones de Km. por aproximación.

Nuestras observaciones astronómicas, se ven afectadas por tanto, por estos dos movimientos que ocasionan que a causa del de rotación veamos moverse las estrellas en la Esfera Celeste alrededor del eje terrestre.
Y con el movimiento de traslación podemos ver el cambio de posición de las estrellas noche tras noche.