EL ROCÍO

(OTRO ENEMIGO A VENCER)

Cuando uno empieza a practicar con la astronomía, es fácil que cualquier noche con temperatura agradable, se le ponga cara de extrañeza al ver que, de pronto tanto las estrellas más débiles, como nebulosas o galaxias, empiezan a visualizarse de forma borrosa, como dentro de un halo de luz.-" ¿Qué ocurre? "- Se estará preguntando.- Tranquilo, no le ocurre nada a sus ojos. Simplemente, tiene rocío en su telescopio. Cuando con su lámpara compruebe que su óptica e incluso todo el tubo del telescopio están empañados y se empeñe en secarlo, se dará cuenta enseguida que a los pocos minutos las diminutas gotitas de rocío, vuelven a empañar la óptica de su teles.

Posiblemente Ud. decida que es mejor recoger todo, guardarlo y marcharse de vuelta a su casa. Es una opción, pero existen otras antes de abandonar y perderse una noche agradable de verano en la que ni imaginamos que podía ocurrir algo tan sencillo, como tener rocío. 

La otra opción es comprender el porqué se forma el rocío, tomar las precauciones oportunas, fabricarnos nuestros propios artilugios para combatir al enemigo y comprobar que podemos mantener nuestra óptica, lentes, espejos, oculares, etc. en perfecto estado de limpieza, a pesar de tener un 100% de humedad.

¿De dónde sale el rocío? ¿Porqué se forma el rocío? Algunos todavía creen que el rocío cae del cielo. Cualquier objeto a la intemperie que esté más frío que el aire del medio ambiente, presentará condensación de gotas de humedad. Lo vemos a menudo al salir a la calle por la mañana,  encima del capó de los coches hay una fina capa de rocío y también la hay en cualquier objeto más frío que el punto de rocío. Lo oímos a menudo mencionar en los pronósticos del tiempo, tanto en radio como en televisión. Según la humedad relativa del aire y la temperatura ambiente, tendremos rocío. El punto de rocío es el mismo que la temperatura ambiente si tenemos el 100% de humedad. El punto de rocío estará más bajo que la temperatura ambiente, si el valor de la humedad también está más bajo. Si la temperatura está por debajo de 0º, en vez de rocío tendremos escarcha.

En Navidad tenemos en la mesa un ejemplo claro de rocío. Hemos sacado una botella de cava de la nevera y a los pocos minutos vemos que se forma condensación de gotitas de agua en el cristal de la botella. La botella está más fría que el punto de rocío del ambiente de nuestro comedor. En esos momentos la botella representa nuestro telescopio. 

Cuando sacamos nuestro telescopio al exterior, por lógica tiene una temperatura algo superior al medio ambiente y nos extraña que se forme rocío a los pocos minutos. Hemos leído antes que para que se iguale la temperatura de nuestro telescopio con la del exterior debemos dejarlo al exterior unos 20 minutos antes de usarlo, para evitar turbulencias de aire, en especial los newtonianos. Pues bien, durante este tiempo de aclimatación, de acuerdo con la Segunda Ley de la Termodinámica, nuestro telescopio adoptará la misma temperatura que la del ambiente que le rodea. 

Pero ese intercambio de calor, no se efectúa solo por el aire que le rodea, sino también por radiación. Así, pues, puede intercambiar calor con una fuente de radiación de calor a unos 3 metros por ejemplo, pero también puede hacerlo a unos 150.000.000 de Km. si la fuente de calor es nuestro Sol. Obviamente, durante la noche, la radiación del Sol no nos llega y en consecuencia nuestro telescopio situado en el exterior recibe la temperatura fría del cosmos. 

En consecuencia, nuestra principal preocupación a la hora de observar, será intentar proteger la óptica de nuestro telescopio, durante la exposición al frío de la noche, tanto como nos sea posible. Y una de esas protecciones la podemos conseguir con el tradicional gorro antirocío, aplicable sobre todo a refractores y catadióptricos. Los telescopios reflectores tipo Newton, de tubo abierto, pueden prescindir del gorro antirocío puesto que el mismo tubo en sí, actúa como protector del espejo primario situado en el fondo del telescopio. No obstante, no estará de más cubrir nuestro reflector con una sábana de tela para que sea ésta la que reciba la humedad de la noche. 

En cambio los usuarios de telescopios Schmidt-Cassegrain, no podemos demorarnos en comprar o fabricar nuestro propio protector de rocío, puesto que la placa correctora situada en la entrada del telescopio, al ser delgada y con una capacidad calorífica baja, pierde rápidamente calor por radiación y en consecuencia se empañan de rocío con rapidez.

La construcción de nuestro gorro antirocío es fácil y podemos hacerlo nosotros mismos. Buscamos una pieza de espuma de caucho de 1,6 cm. de espesor y de una longitud superior a 1.5 veces el diámetro de nuestro telescopio. Es decir, si nuestro catadióptrico tiene 203 mm de diámetro, la pieza de espuma de caucho deberá tener como mínimo 30 cm. La anchura de la misma la podemos calcular por la archisabida fórmula de la longitud de una circunferencia:( 2.π. r) dicho en números, 2 X 3.1416 X 101,5 =63,77 cm. con lo cual nos quedaría una pieza de 1,6 cm. de espesor, un largo de 30 cm. y un ancho alrededor del tubo de unos 64 cm. La podemos sujetar alrededor del tubo, bien con cinta adhesiva, con un cordel provisional o con una o varias bridas de plástico auto sujetables.  Tendremos así, un protector antirocío muy económico, duradero y ligero de peso, además de ser un aislante muy efectivo, a la vez que nos protegerá también de los rayos de luz difusa o reflejos que nos lleguen de forma lateral . Si le preocupa que el gorro le pueda obstaculizar la entrada de luz estelar cerca de los bordes de visión, y le ocasione "viñeteo", puede cortar la pieza de espuma de caucho, en forma de embudo poco pronunciado para que la boca quede algo más abierta en un ángulo menor. Esa abertura del gorro algo mayor en la entrada, le evitará el temido "viñeteo" sin perturbar la entrada de luz cósmica.  

No nos olvidemos tampoco de los oculares. También están expuestos a la acción del rocío a pesar de su pequeña superficie óptica. La respiración y la humedad del globo ocular acrecientan el riesgo de rocío, aunque el calor radiado por nuestra cara, disminuye algo ese proceso. Los oculares con protectores de luz, sirven además de eso, para evitar el rocío. 

Tenemos que tener presente el lugar donde instalemos nuestro telescopio para evitar en la medida de lo posible la molestia del rocío. Si lo situamos en medio del campo, no tendremos la misma protección que si lo situamos muy cerca o debajo de un árbol. Si tenemos intención de observar sólo una parte del firmamento, la mejor solución es cerca o debajo de un árbol. El rocío no solo afectará menos a nuestro telescopio, también los mapas, catálogos, libros, y demás accesorios saldrán beneficiados. De paso que nos situamos debajo de un árbol, reducimos otro inconveniente que a veces se presenta de improviso: el viento. Pero no confundamos el viento con una ligera brisa, ésta si nos ayuda a mantener nuestro teles ligeramente por encima de la temperatura ambiente. 

Y puestos a pensar que los árboles nos protegen del rocío, ya sabemos que una sombrilla de playa será  un eficaz instrumento para evitar que nuestro telescopio se enfríe demasiado y recolecte rocío. Lo mismo que la sombrilla de playa nos protege de los rayos solares, tenemos la certeza de que también mantendrá por encima de cero a nuestro telescopio. Podemos hacer la prueba: ponemos un termómetro debajo de la sombrilla en una noche tranquila y luego lo ponemos encima. Aunque sea poca, apreciaremos esa ligera diferencia, suficiente para que nuestra óptica no se empañe de rocío.

Pero lógicamente, encontraremos estaciones del año y lugares muy inhóspitos, en los que las medidas que tomemos, sean del todo ineficaces. La alternativa si queremos observar, es calentar nuestra óptica con corriente eléctrica. Podríamos usar un secador de pelo, de 12 voltios aplicándolo con prudencia a la distancia adecuada para que no sobrecaliente el cristal y se rompa. Pero esta medida pierde su efectividad cada 5 minutos, lo que la convierte en inapropiada. Pero tenemos un ejemplo en la vida cotidiana que nos puede servir de referencia. Cuando vamos en automóvil y la temperatura exterior es fría, ¿qué ocurre generalmente en las lunas de atrás? Pues sencillamente que se empañan de rocío, y...¿cómo lo solucionamos? Pues instintivamente apretamos el botón del calentador del cristal trasero del coche y vemos que poco a poco va adquiriendo su natural transparencia. Lo que hacemos sencillamente, es darle corriente a un serpentín incrustado en la misma luna trasera, con una resistencia eléctrica calculada, para que caldee el cristal y desparezca el empañamiento que nos impide la visión trasera. 

INVERSIONES TÉRMICAS 
No debemos confundir una Inversión térmica, con el rocío. Su funcionamiento podría ser a partir de un cierto calor o buena temperatura y agradable a nivel del suelo y sin corrientes de aire, lo que aseguraría frío en las capas superiores, por tanto despejado y facilitando con ello la sesión de observación. 
Pero...el aire caliente pesa menos y sube. Con la altura se enfría, aumentando en peso por aumentar su densidad y por tanto baja lentamente y sin casi darnos cuenta, lo impregna  todo de una pequeñísima capa húmeda que cubre sin casi mojar el telescopio y por tanto la lente correctora de los S. C., impidiendo la visión naturalmente.
Al ser tan fina (el rocío es algo grueso, parecido a gotas de agua), puede eliminarse con una ligera corriente convectora caliente (la producida por el calefactor).

No estará de más advertir de las posibles consecuencias que pueda tener el aplicar calor, bien con un secador o bien a través del calefactor, cerca de la lente correctora de los S. C. , S. N y Refractores, su óptica suele estar tratada con una finísima capa antirreflejos, que podría verse alterada por el cambio brusco de temperatura y deformarse irremediablemente. En consecuencia seamos extremadamente cautos a la hora de aplicar calor cerda de las delicadas ópticas de los telescopios. La solución para los catadióptricos, refractores y Schmidt-Newtonianos, que tienen lente correctora en la boca del telescopio, pasaría por introducir el calefactor en su interior a unos 15 cm. de la lente.

  

 

 

Volviendo de nuevo al tema del rocío, y refiriéndonos siempre a un telescopio tipo Newton, esta misma técnica la podemos emplear para impedir que nuestra óptica se enfríe demasiado, y además podemos, si nos lo proponemos, usar dos artilugios en uno, para impedir la condensación del agua en nuestras lentes o espejos. Si tomamos el gorro antirocío y además le ponemos una resistencia eléctrica calculada, aplicada por debajo del gorro en contacto con la parte metálica del tubo, conseguiremos que el calor generado por la radiación de las resistencias  mantenga el frío alejado de su punto de rocío. Tenemos dos formas de hacerlo; la primera empleando resistencias eléctricas de 1 vatio en serie alrededor del tubo y la segunda y quizá la más efectiva, empleando un tipo de alambre, muy maleable y resistente llamado Micron,  con una resistencia calculada según longitud y grosor, enrollada y aislada de la parte metálica que nos produzca los mismos efectos deseados. (Foto superior)

Resistencia de hilo, para evitar el rocío en un telescopio

 

Para construirnos nosotros mismos un calefactor para un reflector tipo Newton debemos saber qué cantidad de calor precisamos. Mi sugerencia es que con unos 3 vatios para la placa correctora y 1,5 vatios para el buscador, placa del Telrad u ocular,  es suficiente. Si su zona de observación es extremadamente propicia al rocío, puede aumentar algo esa cantidad sin miedo, las resistencias son tan baratas que no dañarán demasiado su bolsillo.

La unidad de medida de las resistencias eléctricas es el ohm. Podemos obtener el valor del calor en vatios, con la fórmula :

ohms= (Voltios)² /Vatios

De donde deducimos que si queremos obtener 3 vatios de consumo con la batería del coche de 12 voltios lo calculamos así: 

12 X 12=144 / 3 =48 ohmios, o lo que es lo mismo, podemos emplear 8 resistencias de 6 ohmios,  12 de 4 ohmios o 24 de 2 ohmios cada una, en serie. Cabe recordar que algunas resistencias tienen una tolerancia superior al 10 % por lo que se pueden obtener valores algo diferentes. Podemos adquirir resistencias de precisión si queremos ajustarnos a dichos valores. Si utilizamos 8, cada resistencia emitirá pues 0,375 vatios o sea ⅜ de vatio, de forma que seleccionando resistencias de ½ vatio (0,5) cada una, tendremos suficiente, pero para más seguridad, no estará de mas elegirlas de 1 vatio cada una.

Podemos formar un collar alrededor del tubo del telescopio, pegándolas con cinta de aislar negra o blanca para que destaquen. Las colocaremos tan cerca de la boca a calentar como se pueda, pero pondremos especial cuidado de que ninguna unión entre las resistencias de cable desnudo, haga contacto con el metal de nuestro telescopio, provocando cortocircuitos o lo que es peor, una descarga eléctrica que pueda dañarnos. No estará de mas recordar aquí, que no son los voltios los que pueden matar, sino los amperios.

Como es normal, la siguiente pregunta que nos podemos hacer es: -¿Y cuanto me durará una batería?- También ahí, podemos usar otra fórmula para saber el tiempo de descarga que tendrá nuestro calentador de 3 vatios. 

Amperios= Vatios / Voltios.

Con una batería de 12 voltios, nuestro calentador de 3 vatios, consume 0.25 amperios, es decir 1/4 de amperio. Por lo tanto, con una batería de 1 amperio/hora, tendremos calentador para 4 horas antes de que se agote. Con una batería de 6 amperios/hora, tendremos calor para 24 horas de observación, y si usamos la batería de nuestro coche, de p. e. 48 amperios/hora, tendremos batería para 192 horas antes de quedarnos sin batería y... sin posibilidad de regresar a nuestro domicilio. 

Si, en lugar de baterías recargables o no, pensamos conectar una fuente de alimentación de 220 voltios alterna, para obtener los 12 voltios de corriente continua y enchufar varios calentadores, energía para  los oculares reticulados iluminados, etc. , tengamos especial cuidado, cualquier descuido o contacto de un cable desnudo con la parte metálica de nuestro telescopio, puede proporcionarnos un serio disgusto o ser mortal. No utilice corriente alterna de 220 voltios, si no tiene conocimientos para ello. Puede ser especialmente peligroso si este tipo de instalaciones la trasladamos al jardín en contacto con la hierba húmeda. Para ello, es altamente recomendable la instalación de un circuito interruptor automático . Un dispositivo así no es caro y se pueden adquirir en ferreterías o tiendas de material eléctrico. En la imagen inferior tenemos una fuente de alimentación regulable y cortocircuitable, muy recomendable para estos casos.

 
S
egún algunos astro aficionados veteranos, el calor aplicado a las ópticas al aire libre tiene efectos beneficiosos e inesperados. Han comprobado que las ópticas suavemente calentadas ofrecen mejores imágenes al mantener al telescopio muy cerca y por encima del aire circundante. Al apagar el calentador, se pierde el valor de una magnitud de luz, la imagen estelar aparece con el típico halo de luz difusa e inmediatamente el objetivo se llena de rocío.  

La acción del rocío puede ser muy destructiva a largo plazo, sobre todo si lo tenemos mal almacenado. Nunca debemos guardar nuestro telescopio hasta comprobar que ha quedado totalmente seco. Aunque esté bien sellado o protegido con plásticos, el agua se condensará y evaporará repetidamente durante años o meses atacando al revestimiento óptico y dañando al cristal. ¿Por dónde ha entrado la humedad? Nos peguntaremos extrañados. No ha entrado. Sencillamente, no ha salido. El aire contiene vapor de agua y si el telescopio mal guardado estaba más frío que el punto de rocío cuando se guardó, el vapor de agua se condensó y provocó las manchas indeseadas en las lentes correctoras de los catadióptricos y los refractores, con el consiguiente disgusto para su dueño. Esta sorpresa desagradable es demasiado frecuente por las prisas en almacenar indebidamente nuestro telescopio.

Hay varias formas de evitar que esto nos suceda, no moviendo el telescopio sellado con plásticos de un lugar caliente a uno frío. El sellado puede resultar más un problema que una solución. La mejor forma de cubrir un telescopio es con una sábana de tela. Así permitiremos que nuestro aparato "respire", permitirá que salga el vapor de agua e impedirá que le entre polvo. Aunque si queremos ser sinceros, el librarnos del polvo no nos  será tarea fácil, pero siempre será mejor quitar el polvo a tener la óptica manchada de humedad. 

Si vamos a almacenar nuestro aparato por poco tiempo, un garaje puede ser un buen sitio. Un lugar seco, ventilado y ligeramente más caliente que la temperatura ambiente, nos evitará la condensación temida, pero si lo vamos a guardar durante mucho tiempo, el interior de nuestra casa será el lugar apropiado. Por descontado huiremos de sitios húmedos o de lugares donde observemos oxidación de objetos metálicos.   

Otras medidas antirocío pueden ser la inserción de un pequeño foco de 4 ó 6 vatios dentro del telescopio, su acción será la de un pequeño calefactor adecuado. El gasto que le supone esto no excederá de 5 o 10 € al año. También puede encenderlo durante el invierno o conectado a un detector de humedad con disparo automático. También suelen ser efectivos los pequeños saquitos de sílice colocados cerca de los cristales más delicados.

Recordemos que el vapor de agua o rocío, es un enemigo silencioso del astrónomo aficionado. Conozcamos como actúa nuestro enemigo y podremos mantenerlo alejado de nuestros delicados instrumentos de óptica.